Carrión de Calatrava

Cuya historia está unida a la del Qal’at-Rabat (nombre árabe de Calatrava) y después a la Orden Militar de Calatrava, que aquí funda San Raimundo de Fitero. Podemos situar el origen de Carrión como una aldea de la gran ciudad de Qal’at-Rabat y considerarla habitada ya en el siglo IX. Los primeros poblamientos humanos están datados en el Paleolítico Medio y se sitúan en las proximidades del Guadiana y en la falda de la sierra Lucía. Como en todas las poblaciones de la zona, aquí también nos encontramos con una Motilla la denominada de Carrión, también nos hablan de su pasado los restos ibéricos y romanos encontrados.

Podemos destacar de su patrimonio la iglesia parroquial de Santiago Apóstol del siglo XV-XVI: el edificio tiene planta basilical de una sola nave compuesta de dos partes claramente diferenciadas, la primera de traza gótica en el presbiterio y cabecera con ábside dodecagonal en su bóveda y una segunda con bóveda de medio cañón con lunetos. En el interior se encuentra la imagen de Nuestra Sra. de los Mártires del siglo XIII realizada en alabastro policromado, la talla del Cristo Crucificado; el Cristo del Perdón, es otra de las esculturas que hay dentro del templo en el que también se conservan restos de pinturas murales del S. XVI.

De la arquitectura civil cabe destacar el llamado Torreón o casa de Zaldívar, una casa típica de finales del siglo XVII que originariamente fue edificada para casa solariega de los condes de Carrión. Junto a ella encontramos la denominada casa de Castañeda que en su origen debió de formar parte del mismo conjunto. En el término se encuentran varios molinos harineros hidráulicos, en uso desde la Edad Media, casi todos en mal estado de conservación, el llamado Malvecino nos muestra dos edificios de distintas épocas, siendo sus trazas más antiguas de época islámica. Los denominados Baños medicinales del rey o de los hervideros se sitúan a unos 3 km. de la población, en la carretera que une Carrión con Fernán Caballero, cerca del paraje conocido como La Dehesa. Sus orígenes parecen haber sido romanos. Actualmente se han reformado. Sus aguas tienen efectos curativos para enfermedades de la piel; conservan una piscina cuadrada con gradas realizada en sillería y dos edificios en los que se sitúa la casa de baños.

A 5 km de la población está el Santuario de la Virgen de la Encarnación, un edificio de origen musulmán, con unos 1000 años de antigüedad. Seguramente fue una mezquita en época musulmana como lo atestigua un arco de herradura con alfiz situado en la fachada norte de la iglesia del santuario. Sobre esta mezquita se erigió la primitiva capilla de Nuestra Señora de los Mártires y a su alrededor un cementerio donde reposaban los restos de los calatravos muertos tras la batalla de Alarcos. Ya en el siglo XIX el Santuario se completa con los edificios actuales. El Domingo de Resurrección, conocido como Domingo de la Virgen, se celebra la fiesta patronal y la imagen de la Virgen es bajada a hombros hasta la iglesia parroquial, corriendo y a golpe de tambor, allí permanece hasta el domingo siguiente al de la Ascensión cuando es devuelta al Santuario, nuevamente a hombros, y se celebra la romería.

Pero el gran atractivo de la zona lo encontramos, a 7 km, en los restos de la ciudad de Calatrava la Vieja, que están declarados B.I.C. con la categoría de Zona Arqueológica y que hoy forman parte del Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava.

La antigua ciudad de Calatrava fue durante la Alta Edad Media la única ciudad importante de al-Andalus  en el valle medio del río Guadiana. Su destacada posición, en la margen izquierda de este, la hacían paso obligado en el camino de Toledo a Córdoba y Cástulo (Linares) y en las comunicaciones entre el Levante y el Poniente peninsular. Estas vías romanas debieron de estar vigentes durante época islámica pues Al-Idrisi las relaciona con la ciudad de Qal’at-Rabat.

El nombre de Calatrava deriva del árabe Qal’at Rabah (fortaleza de Rabah) en referencia al nombre de la persona a quien le sería dado el lugar en el siglo VIII, a modo de encomienda.

El área de Calatrava estaba dominada por árabes propiamente dichos (es decir, originarios de Arabia), pertenecientes al clan de los Bakr ibn Wail, asentado en la región desde los tiempos de la conquista (711). La época de mayor esplendor de la ciudad, se corresponde con la refundación llevada a cabo por al-Hakam, hermano del emir Muhammad I para controlar a la levantisca Toledo y la ruta Toledo-Córdoba, tras la destrucción realizada por rebeldes toledanos en el 853. Entre este año y el de 1147, la ciudad se convirtió en la capital de una amplia región. Con la caída del califato cordobés, su dominio fue disputado por los reinos taifas de Sevilla, Córdoba y Toledo

De fundación omeya (fines siglo VIII), durante cuatro siglos formó parte de al-Andalus ; el año 1147 la ciudad pasó a poder de Alfonso VII, convirtiéndose entonces en la plaza cristiana más avanzada frente a los musulmanes. Fue una de las primeras posesiones de la Orden del Temple en este reino, pero tras su fracaso, Sancho III de Castilla (1158) se la da a San Raimundo de Fitero; la ciudad fue el origen y primera sede de la Orden de Calatrava, la más antigua orden militar peninsular. En 1195 fue recuperada por los almohades, tras su victoria sobre Alfonso VIII en la batalla de Alarcos, conservándola en su poder durante diecisiete años, hasta que el rey de Castilla la recupera en el transcurso de la campaña de la decisiva batalla de las Navas de Tolosa. En 1217, la sede maestral de la Orden se trasladó al Castillo de Calatrava la Nueva. La antigua ciudad de Calatrava pasó entonces a ser conocida como Calatrava la Vieja, quedando como cabeza de una Encomienda con sede en el que fue su antiguo alcázar islámico, comenzando un imparable proceso de decadencia. Su definitivo abandono se produjo a principios del siglo XVI, momento en el que el Comendador de Calatrava trasladó su residencia a la vecina Carrión de Calatrava.

Aunque asentada sobre restos ibéricos, en la actualidad Calatrava la Vieja es uno de los yacimientos arqueológicos de origen islámico  de mayor relevancia en el territorio español. Ocupa un cerro amesetado de planta ovoide, con 5 ha de extensión. El cerro está dividido en dos zonas separadas por una muralla de grandes proporciones: el alcázar, al este, y la medina, que ocupa el resto de la superficie. Al exterior de la muralla se extendían los arrabales. El recinto amurallado, rodeado por un foso de más de 750 m de recorrido y una profundidad media de 10 m, de época árabe, alimentado por las aguas del río, comprende un total de 44 torres de flanqueo de las cuales dos son albarranas, tienen planta cuadrangular a excepción de las dos situadas en el extremo oriental del alcázar. Existen dos puertas emirales (siglo IX) en recodo. El interior del alcázar conserva restos de los distintos periodos y ocupaciones a que se vio sometido, destacando la sala de audiencias de la etapa taifa. De época templaria quedan restos de una iglesia inacabada, así como de dependencias y de la iglesia calatrava posterior. Lo más destacable de la medina es la gran coracha que la abstecía de agua y una de las puertas en recodo citadas, que se usaba para acceder desde el exterior en el lado sur. La ciudad contaba también con un extenso arrabal que se extendía hasta el actual Santuario de la Encarnación. Se conservan restos de ingenios hidráulicos de gran complejidad tecnológica para la época, como los de las cuatro corachas, que elevaban el agua desde el foso a la ciudad para abastecerla. Parte de ella era desviada hacia la torre pentagonal, por la que salía a alta presión a través de un sistema de cañerías, de nuevo al foso. Este era un sistema defensivo hidráulico sin parangón en la fecha.