Ocaña

Villa que da nombre a su comarca, la Mesa de Ocaña, situada en un importante nudo de comunicaciones. Un bello conjunto monumental, que pierde sus orígenes en el periodo prehistórico del Paleolítico medio-superior, según nos han mostrado los yacimientos estudiados de su término. Algunos historiadores ven en esta villa la antigua Vicus Cuminarius romana. Fue, según el Arzobispo don Rodrigo, uno de los pueblos que formaron parte de la dote de la princesa Zaida al casarse con Alfonso VI, y uno de los que se perdieron después de la Batalla de Uclés.

Fue antigua sede maestral de Santiago y sede de las Cortes durante los reinados de Juan II y Enrique IV en el siglo XV. Durante la Guerra de la Independencia, en 1809, tuvo lugar aquí la importante Batalla de Ocaña. Fue capital de la Mancha Alta y, durante la Guerra Civil, capital de la Provincia de Toledo.

Su conjunto urbano es uno de los más importantes de Castilla-La Mancha, su trazado es medieval, con grandes casonas, palacios, conventos e iglesias, algunos declarados B.I.C.; un buen número de plazas con su Plaza Mayor como punto referencial. Construida en 1777 gracias al impulso de Carlos III, su planta es un rectángulo con dieciocho arcos en los dos lados mayores y diecisiete en los dos menores, con dos pisos de balcones y buhardillas. Desde aquí parten las principales calles que forman el entramado del casco antiguo.

La iglesia parroquial de San Juan Bautista es una simbiosis de estilos y elementos de los siglos XIII al XVII. En su interior destacan una serie de rejas góticas que sirven de cerramiento en las capillas; tiene un museo-camarín de la Virgen de los Remedios, patrona de la localidad, en la capilla anexa a la Capilla Mayor y en los pies un Museo de pasos procesionales de la Hermandad de Penitentes de Ocaña. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, levantada sobre una antigua mezquita del siglo XII, en el siglo XVIII, aquí está la sede de la Cofradía de Los Armaos que guarda una buena colección de armaduras, una de ellas atribuida a Alonso de Ercilla. Tiene un interesante Altar Mayor de mármol del siglo XVIII, un buen conjunto de piezas de orfebrería en el que destacan una cruz procesional gótica y cálices barrocos y renacentistas y una custodia de plata del siglo XVI, atribuida a Enrique de Arfe.

Otro edificio religioso destacable es el convento de Santo Domingo, cercano a la plaza y de construcción renacentista, con un claustro atribuido a Alonso de Covarrubias de dos alturas y una iglesia del siglo XVI, con un coro tallado en madera que fue costeado por El Gran Capitán y traído del convento de Dominicos de Almagro. El convento alberga el Museo Porticum Salutis, un conjunto de tres museos temáticos promovidos por los Dominicos referente a la vida y la obra de la Orden desde el siglo XIII. Muy destacable entre sus fondos el Belén, historia salutis, un autentico espectáculo con los principales pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento.

Muy destacable en el patrimonio de Ocaña, es el Palacio de los Cárdenas, construido a finales del siglo XV principios del XVI por orden de don Diego Gutiérrez de Cárdenas, casado con doña Teresa Enríquez, La Loca del Sacramento y que fue residencia de la realeza española durante sus estancias en Ocaña; la portada es de estilo gótico y conserva artesonados policromados, su estructura y decoración es muy parecida al Palacio de Fuensalida de Toledo. En la actualidad es la sede de los Juzgados Comarcales.

Otros monumentos que destacan en la villa son la torre de San Martín, renacentista, del siglo XVI que perteneció al destruido templo del mismo nombre; el rollo de justicia, gótico del siglo XV; el Teatro Lope de Vega, antiguo convento de Jesuitas en el que sobresalen la portada de piedra y la torre mudéjar, el convento de Carmelitas Descalzas, en su interior se conserva la tumba de Alonso de Ercilla, autor de la Araucana, actualmente sirve como centro cultural, con un interesante claustro; el de Dominicas de Santa María y el de Bernardas edificio desamortizado en el siglo XIX, todos del siglo XVI. La Fuente Vieja, del siglo XV; junto a ella se encuentra la ermita de Jesús de las Cuevas, del siglo XVI, construida sobre una cueva.

A las afueras de la población se encuentra uno de los hitos de su patrimonio, la Fuente Grande, una monumental obra construida en el siglo XVI; de planta rectangular, con dos claras secciones: la fuente propiamente dicha y los lavaderos. Lo más interesante es la parte externa, compuesta por una extensa galería de piedra cubierta y decorada con veintidós pilastras de orden toscano y un entablamento corrido.

Una especial mención merece su Semana Santa, declarada de Interés Turístico Nacional, desde hace más de 400 años, desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, el orden y el silencio acompañan a los majestuosos desfiles procesionales que toman las calles de la villa de Ocaña, cuenta con la participación de diez Hermandades y Cofradías, algunas de las cuales datan de los siglos XVI, XVII y XVIII, con un total de 2.000 cofrades; son famosas sus imágenes articuladas que se encuentran en las calles y se mueven representando la Pasión con un gran dramatismo; los Armaos portan armaduras de los siglos XVI y XVII, pero sobre todo, en la procesión de Viernes Santo, cobra especial importancia la imagen articulada de Nuestro Padre Jesús Nazareno, patrón de la localidad, que escenifica las caídas camino del Calvario. Se celebra también con gran solemnidad el Corpus Cristi.

La villa fue el escenario elegido por Lope de Vega  para su Peribáñez y el Comendador de Ocaña y por Calderón de la Barca en su obra Casa con dos puertas mala es de guardar. Algunos de sus monumentos fueron inspiración poética para Gustavo Adolfo Bécquer. Sobre el Rollo de Justicia escribió un artículo con el título “La picota de Ocaña”, publicado en la revista La Ilustración de Madrid, en el que dice: “La picota, como cuestión de arte, es la horca elevada a monumento, la columna triunfal erigida en honor del verdugo.” El artículo va acompañado con un grabado de su hermano.