Villanueva de los Infantes

Uno de los enclaves más interesantes de la provincia de Ciudad Real, en pleno Campo de Montiel.

En el término municipal de Villanueva de los Infantes las primeras evidencias de ocupación humana aparecen reflejadas en los yacimientos calcolíticos y del bronce del Toril, el Castellón y el Cerro de los Conejos 2500-1200 a. C.; hay numerosos testimonios de asentamiento ibérico oretano, romano altoimperial y tardorromano. No obstante, en el emplazamiento de la misma localidad no hay testimonios de ningún dato arqueológico con una cronología anterior a la Edad Media.

El poblamiento de Villanueva de los Infantes parece derivar de la confluencia de las poblaciones medievales de La Moraleja, Jamila y el Castillo de Peñaflor. Jamila, cerca del río Jabalón, frente al santuario de la Virgen de la Antigua, es un edificio columnado que, aunque tiene orígenes ibéricos, fue monumentalizado entre los siglos XIII-XIV, posiblemente formada por una comunidad judía. La primera etapa de su historia siglos XII-XV estuvo enteramente protagonizada por la presencia de la Orden de Santiago, quien se encargó de su repoblación y explotación. En 1480 el maestre don Alonso de Cárdenas mandó que se llamase Villanueva de los Infantes en alusión a D. Enrique y sus hermanos. Esta villa siguió creciendo y fue proclamada capital del Campo de Montiel (histórico)  por Felipe II en 1573, momento en el que se establecieron la vicaría y la Gobernación.

Aquí nacieron santo Tomás de Villanueva en 1480, el humanista Bartolomé Jiménez Patón en 1569, Francisco Cano escultor y arquitecto, uno de los artistas más significativos de La Mancha en el tránsito de los siglos XVI al XVII; enseñó poética y murió Quevedo en una celda del convento de Santo Domingo; y Cervantes y Lope de Vega la convirtieron en un importante foco cultural.

Pocas poblaciones cuentan con el destacado patrimonio artístico de Villanueva, lo que unido a su importancia histórica hizo que fuera declarada Conjunto Histórico-artístico en 1975. Su Plaza Mayor es el elemento clave del diseño urbano donde se instalaron las principales instituciones: política y religiosa; construida a principios del siglo XVII en estilo neoclásico siguiendo una planta rectangular. La fachada sur está formada por amplias balaustradas de madera sustentadas por zapatas y en los dos laterales podemos contemplar una sucesión de edificios con arcos de medio punto, siendo el del Ayuntamiento el más destacado. Su lado norte lo ocupa la Casa Rectoral y la Iglesia Parroquial de San Andrés Apóstol, construida en el siglo XVI. Muy interesante es su portada principal, de estilo clasicista y enmarcada en un profundo arco de medio punto donde se representa el escudo de los Austrias y la figura de San Andrés. Destacan también la torre, de estilo herreriano y rematada por chapitel de pizarra. En el interior de esta veremos interesantes capillas como la de los Bustos donde fue enterrado Quevedo, la de los caballeros de Santiago, la de Santo Tomás, la del Santísimo y la cripta dedicada a Santo Tomás; un magnifico púlpito plateresco y bellos retablos.

Otros monumentos destacables son el Hospital del Remedio, del siglo XVII donde destaca la capilla del Remedio, barroca; la alhóndiga o Pósito del siglo XVI, que fue almacén de trigo, casa de contratación y posteriormente cárcel en 1719. En la actualidad es la Casa de Cultura. Del siglo XVII es una de las más bellas casas de Villanueva, la Casa del Arco, que ofrece una de las portadas más representativas de la ciudad y está declarada B.I.C., mansión solariega de un arzobispo y virrey de México; la casa de los Estudios o Colegio Menor, del siglo XVI, donde se enseñaba retórica y gramática. La casa solar de Santo Tomás de Villanueva, el oratorio y el pórtico de la Casa de la Inquisición. Destacan también la iglesia del convento de Santo Domingo, la de las Dominicas de la Encarnación y la iglesia-convento de las Franciscanas, fundado en 1561.

En torno a la calle Cervantes hay una serie de casonas y palacios de interés: la casa-cuartel de los Caballeros de la Orden de Santiago; la del Marqués de Melgarejo con una impresionante fachada, del siglo XVII, que guarda destacadas pinturas como las de Carreño y Juan de Juanes; el palacio de los Bustos, del siglo XVI, con magnífico patio y portada y la del Caballero del Verde Gabán, personaje citado por Cervantes en el Quijote; el palacio de los Revuelta, declarado B.I.C.; el de los Fontes o el de los Ballesteros del segundo tercio del siglo XVI. Muchas más iglesias y casas solariegas nos iremos encontrando al pasear por las calles de esta población manchega que ha sabido, como pocas, conservar de manera ejemplar su patrimonio.

En los alrededores se encuentran el puente romano sobre el río Jabalón, declarado B.I.C. en 1993, en el camino de Juan Abad; a 2 km la denominada Cueva de la Mora, junto al Molino del Santo, eremitorio de época mozárabe; el santuario de Nuestra Señora de la Antigua, cuya romería se celebra el 8 de septiembre, una interesante talla del siglo XIII conocida en la Edad media  como Santa María de Jamila, y las ermitas de San Miguel, la de Jesús y la de San Sebastián.

Gran tradición tiene la fiesta de los Mayos, del 30 de abril al 1 de mayo y que continúa con la de las Cruces la noche del 2 al 3. Ese día se instalan cruces en las casas, en las ermitas y calles; como aviso de que existe una cruz, se enciende una hoguera en la puerta y los mayos recorren las distintas cruces con instrumentos de cuerda, tocando la música de los mayos con diferentes letras a las interpretadas en honor de la Virgen y las mujeres. A los mayeros se les obsequia con el puña: trigo tostado, anises y vino. Estas fiestas están declaradas de Interés Turístico Regional. Otras fiestas de interés son San Antón (17 de enero), Jueves Lardero (jueves anterior al Miércoles de Ceniza) y la Semana Santa. Se celebra en el mes de agosto un Festival Internacional de Música Clásica, Jornadas Internacionales de Folclore del Campo de Montiel el primer fin de semana de septiembre.

En Villanueva de los Infantes podemos disfrutar de los platos y vinos típicos de la Mancha. El plato más típico y autóctono de la localidad es la “ensalá de limón”, que se realiza con zumo y pulpa de limón, cebolla, aceite, pimentón y manzana o naranja. Otros platos tradicionales son los galianos, las migas, el tiznao, los huevos a la porreta, el ajo y el pisto manchego. Sus vinos pertenecen a la Denominación de Origen de la Mancha y su aceite a la del Campo de Montiel.