Villarrubia de los Ojos

Su nombre (en latín Rubeum) hace referencia al color rubio del terreno y a los llamados Ojos del Guadiana. Los restos encontrados en su entorno nos hablan de una ocupación humana desde el Neolítico a la Edad Media.

Bañado por aguas del Cigüela y el Guadiana, antes de su unión en el Parque Nacional de las Tablas, Villarrubia de los Ojos fue habitado ya en la Edad del Bronce (1500 a.c.), como atestigua el yacimiento de la Motilla de Zuacorta. Se han encontrado, además, yacimientos de época romana y restos de una calzada, que llevaría desde Zuacorta a orillas del río Guadiana, hasta el municipio de Consuegra (Toledo), atravesando la Sierra de Villarrubia, donde se han hallado vestigios que certifican la existencia de castillejos preromanos.

Las primeras referencias escritas se remontan al siglo XII y aparecen en un documento de donación de un castillo que Alfonso VII hace a la Orden de Monfranc y donde se la denomina Villarubeum, posteriormente pasó a formar parte de la Orden de Calatrava como encomienda.

El 2 de mayo de 1466 murió aquí el Maestre de Calatrava, D. Pedro Girón, que viajaba desde Almagro a Ocaña, al frente de 3000 hombres, al encuentro de Dña. Isabel, Infanta de Castilla, futura Isabel la Católica, con la que pretendía contraer matrimonio.

Naturales de Villarrubia son personajes como el Capitán Salazar y el soldado Juan Sánchez que tuvieron una actuación heroica en la batalla de San Quintín, en 1557, embarcados en la nave capitaneada por don Juan de Austria. Aquí nacieron también los hermanos José Antonio y Miguel Jijón junto a Hermenegildo Díaz Hidalgo y José Gijón, creadores de algunas de las primeras ganaderías de reses bravas de España (la casta Jijona), en el siglo XVIII. Aún se conserva la casa solariega de los Sánchez–Jijón que presenta una portada adintelada con escudo superior, en el interior la vivienda se estructura en torno a un patio de columnas toscanas y una galería superior de madera.

Encontramos destacable en su patrimonio la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, edificio tardo gótico erigida en el siglo XVI sobre los restos de un edificio anterior.

Podemos visitar su pequeño, pero interesante, museo etnográfico dependiente de la Hermandad de san Isidro, instalado en las dependencias del antiguo matadero.

A 12 km, en un bello paraje en el que se han encontrado algunas tumbas visigodas, se encuentra el santuario de Nuestra Señora de la Sierra, un importante lugar de peregrinaje desde el siglo VI. La iglesia es de época barroca, en su interior se venera la patrona cuya festividad es el 8 de septiembre; a la capilla se accede a través de un típico patio manchego, con pies derechos de madera y zapatas, decorado con la Cruz de Malta.

Del siglo XVI, situada en el denominado Balcón de la Mancha en las estribaciones de los Montes de Toledo se encuentra la ermita de San Cristóbal desde donde se divisa una de las vistas más excepcionales de la llanura manchega. Desde un principio se celebraba en ella la Fiesta de la Cruz de Mayo y desde 1986 la Romería de San Cristóbal, el primer domingo de mayo, es costumbre ese día comer el tradicional hornazo.

En la cocina típica de esta zona destacan la caldereta de cordero, el cordero al horno, el pisto de calabacín, el asadillo y el pisto manchego, los duelos y quebrantos, las migas, las gachas de harina de pitos, la sopa de tomate, el conejo con patatas, las pastas y el mazapán, los barquillos de anís, las flores y las torrijas todos ellos platos vinculados a la gastronomía del Quijote.

En Villarrubia encontramos, además, algunos artesanos dedicados a la cerámica y la forja, que nos ofrecen la visita a su taller para que el viajero pueda apreciar cómo se realiza su trabajo.